16.11.14
8.11.14
Una carta de Víktor Shklovski a su nieto
¡Querido
muchacho! ¡Te beso!
El papel
se termina, aunque no escribí nada. El
diez estaré en Moscú. Acá es casi verano, pero las tardes son frescas. El roble
ya se ve frondoso. Los manzanos y el peral sueltan sus flores, florece la lila.
Los castaños florecen. Sobre una de las calles, brotaron las flores del castaño
rosado. No hubo lluvias. Hay mucho viento. Hay poca agua en la ciudad. La
ahorran a pesar de que las montañas fueron perforadas para los canales de agua.
Dicen que el agua se fue por los agujeros de las montañas. Acá hay calizas cársticas.
Las montañas de Crimea son muy antiguas.
Paseé por
un cementerio viejo. Quedan solo cinco o seis tumbas. Una de ellas es la de Naydenov.
Él escribió un muy buen drama: “los Niños de Vaniushin”, y de sensato, nada más
que eso. Su tumba no parece abandonada. Se encuentra en lo alto y el mar ahí, directamente abajo, como
si no hubiera nada en el medio. Nosotros no estamos rodeados de mucho verde,
pero cantan los pájaros. La naturaleza y su continuo diálogo apenas tartamudo.
Pude descansar.
Entre las
nuevas casas lejanas se yergue la aldea. Es necesario aprender a leerse a uno
mismo como se leen las palabras en un libro. Y sin nosotros vivirá el mundo.
Qué poco
sé, qué poco conoceré, hice tan poco, ni siquiera vi el Yeniséi. La vida pasó
fugaz y no la noté, igual de rápido transcurrió la Pascua de este año 1971.
Te beso.
Mirá con los dos ojos. Pero con ojos tranquilos. No dejes que la vida pase de
largo. Conseguí acariciarla.
Tu abuelo
y amigo, Víctor Shklovski.
El mar se
arruga — las arrugas se pliegas y se despliegan. Los cuervos (dos) están sobre
el ciprés y miran en diferentes direcciones.
Muy
hermoso: el viento mueve el gran castaño que florece.
Beso a
todos.
31.10.14
Evgueni Evtushenko
DOS CIUDADES
Soy un tren
que hace años corre
entre la ciudad Sí
y la ciudad No.
Mis nervios están tendidos
como cables
entre la ciudad No
y la ciudad Sí.
Todo está muerto y asustado en la ciudad No,
igual a un despacho empapelado de tristeza.
Por las mañanas enceran con bilis su parquet,
los sofás están hechos de falsedad y las paredes de desgracias.
Los retratos miran con sospecha,
cada objeto parece enojado.
Acá jamás se te dará un buen consejo,
ni un ramo de flores, ni un simple saludo.
Las máquinas de escribir teclean en respuesta:
"No-no-no...
no-no-no...
no-no-no..."
Y cuando se apagan las luces,
se inicia la lúgubre danza de los fantasmas.
Jamás, ni aunque te mueras, se te dará el boleto
para escapar de la negra ciudad No...
En cambio, la vida en la ciudad Sí
es un canto de mirlo.
No tiene paredes, es como un nido.
Las estrellas quieren caer en las manos de cualquiera
y otros labios, si avergonzarse, solicitan tus labios
mientras murmuran: "no te preocupes..."
La incitante reseda pide ser arrancada,
mugiendo los rebaños ofrecen su leche,
nadie mira con recelo,
adonde quieras ir, te llevarán de inmediato,
trenes, aviones, barcos,
y, con rumor de años, corre el agua susurrando:
"Sí-sí-sí...
sí-sí-sí...
sí-sí-sí..."
Sólo que a veces es aburrido
que todo se me dé sin esfuerzo
en esta ciudad Sí multicolor y radiante.
¡Es mejor ir y venir
hasta el fin de mis días
entre la ciudad Sí
y la ciudad No!
¡Mejor tener los nervios tensos,
como cables,
entre la ciudad No
y la ciudad Sí!
27.10.14
Una anécdota sobre Vladimir Maiakovsky

Maiakovsky, con las manos en los bolsillos y las piernas separadas, espera en la recepción del jefe de contabilidad:
— Compañero contador, es la cuarta vez que vengo para solicitarle el dinero que me deben por mi trabajo.
— El viernes, compañero Maiakovsky. El viernes que viene puede venir a retirarlo.
— Compañero contador, no habrá ningún otro viernes. Ningún quinto viernes, ningún sexto viernes, ningunos séptimo viernes... ¿Está claro?
— Pero comprenda, compañero Maiakovsky, en la caja no hay ni una sola moneda.
— Compañero contador, le pregunto por última vez …
El contador interrumpe:
— ¡Lo que no puede ser no puede ser, compañero Maiakovsky!
Entonces Maiakovsky se quita el saco, lo cuelga en respaldo amarillo del asiento y comienza a arremangar las mangas de su camisa de seda.
El contador mira horrorizado las manos grandes, la potente figura, la mandíbula maciza del rostro que no sonríe. "Seguro que me muele a golpes", — susurra el contador. Maiakovsky se acerca despacio mientras continúa arremangando la manga derecha.
"Y bueno, ahora me romperá la cara", — balbucea el contador, cubriéndose las mejillas con las manos.
— Compañero contador, ahora mismo, en su respetado gabinete, realizaré la danza del zapateo, y lo haré hasta que me traiga personalmente el dinero que me debe por mi trabajo.
23.10.14
VLADIMIR NEKLIAIEV (1946 - Bielorrusia)
Como los lobos que se reúnen en manadas
y dan aullidos sordos, se atragantan con la melancolía,
así, comienzo a enloquecer,
como si reconociera
en su aullido una voz familiar,
la mía.
Qué sensación terrible,
me convierto en un animal.
Aguardo el amanecer como si fuera la salvación.
Que esta noche desaparezca en la inexistencia …
Por la mañana no recordaré las huellas de maldad,
aunque bajo la lengua se hiele
el aullido lento de la bestia.
Vladimir Nekliaiev: poeta, narrador y periodista bielorruso, difusor de las actividades literarias en su país, tuvo que huir de Bielorrusia por motivos políticos. Desde el año 2010 es líder de la campaña pública «Di la verdad».
5.9.14
PALLADA OLÍMPOVNA (1885 - 1968)
Era yo la que con sumisión inusitada,
obediente y sin objeciones, iba hacia usted.
Con paciencia atendía sus mentiras,
¿no era acaso su sirvienta?
Yo sacié su ansia
con la última copa de mis pasiones,
y ocultando los celos vigilé,
que otras miradas no se cruzaran con la mía.
Pero si ya no le satisface mi entrega,
y si no lo embriaga el arte
de los encantos de mi amor,
que su muerte hiera mi corazón de muerte.
4.9.14
ELENA GURÓ (1877 - 1913)
Como cuerdas del arpa
se tocan los pinos,
donde se derrumbó el cerco,
junto la orilla olvidada
y una mesita luminosa.
El paraíso oculto,
vivificado por alguien.
Al lado de los pinos
el sendero conduce,
poblado de misterio,
hacia un banco amable,
visto por alguien en el sueño.
Que se le acerque
reflexivo, concentrado,
el que sabe amar, no sé a quién,
esperar, no sé qué,
y se duerma, y que su alma vuele
hacia los manantiales claros
y en las ondas de plata
juegue.
***
Tú mi alegría.
Tú mi montecito a la orilla del lago.
Mi cuerda. Mi tarde. Mi horizonte.
Mi rama limpia en el cielo pálido.
Mi alto-alto horizonte de la tarde.
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| pintura de Elena Guró |
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