Fragmento del documental "The centuries surround me with fire. Osip Mandelshtam" (1976)
Anna Ajmátova contaba que cuando ella era joven nunca pensó que sus poemas serían tan duraderos y vivaces. Pero hay algo más misterioso que anula el tiempo:
el poeta es aquel cuyos poemas se convierten en destino.
En primer lugar, nadie jamás vio abedules
como esos. Ahora me aterra recordarlos. Son como una alucinación. Algo
terrible, trágico, como el Altar de Pérgamo, magnífico e
inconfundible. Y creo que ahí hay cuervos. No hay nada mejor en el mundo que esos
abedules, enormes, potentes, tan antiguos como los druidas, y aun más antiguos
que ellos. Ya pasaron tres meses y no puedo recuperarme, como antes, pero no
quiero que sean un sueño. Yo los necesito reales.
Ventanas ajenas, cine mudo,
oscuridad en la calle, luz en la película...
Un niño grita silenciosamente - yo lo estoy meciendo,
los platos rotos dan suerte - yo no la recibo.
Los que no pagaron la entrada, llenaron la sala.
Esta función es silenciosa...
Mi ventana es sonora.
La tristeza cubrió los vidrios.