Los payasos están destruyendo el circo.
Los elefantes huyeron a la India,
los tigres venden en la calle rayas y aros,
bajo la cúpula agujereada, en el trapecio,
el frac del ilusionista desilusionado,
y los ponis, arrojando sus monturas, posan para un retrato.
Sobre la arena, hundiéndose en el aserrín,
los payasos destruyen el circo a martillazos.
El público o no existe, o no aplaude.
Solo el perrito amaestrado ladra sin parar,
sintiendo que se acerca el azúcar:
que enseguida se convierte
en mil novecientos noventa y cinco.
1995

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