29.7.11
26.7.11
YULIA DRÚNINA
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EN LA ESTEPA
El cálido y seco viento
me acaricia los hombros desnudos.
El grillo enloquecido
se sentó en mi espalda.
Me da miedo moverme,
orgullosa de mi confianza.
La estepa es como un plato de cobre.
¿Qué es lo que brilla? ¡El agua!
El arroyo es pobre,
pero su agua es dulce...
Algo voló como una chispa,
¿acaso fue un verso?
20.7.11
VALERI BRIÚSOV
A UN JOVEN POETA
Joven pálido de mirada ardiente,
hoy te dejo tres preceptos,
recibe el primero: no vivas el presente,
lo venidero es el dominio del poeta.
Recuerda el segundo: a nadie compadezcas,
ámate infinitamente.
Guarda el tercero: adora al arte,
solo a el, irreflexivamente, inútilmente.
¡Joven pálido de mirada ardiente!
Si aceptas mis tres preceptos,
caeré silenciosamente, vencido como un soldado,
sabiendo que en el mundo dejo a un poeta.
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17.7.11
12.7.11
SERGEY ESENIN
OTOÑO
a R. V. Ivanov
Silencioso, en la espesura del enebro, en la pendiente,
el otoño, yegua rojiza, rasca las crines.
Sobre el manto fluvial de las orillas
se oye el resonar azul de sus herraduras.
El viento asceta con su cauteloso paso
aplasta las hojas en las salientes del camino.
Y en el arbusto de serval besa
las llagas rojas del Cristo invisible.
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5.7.11
EVGUENI EVTUSHENKO
LAS NOCHES BLANCAS EN ARJÁNGELSK
Las noches blancas, un continuo "puede ser"...
Algo brilla e inquieta extrañamente,
puede ser el sol o puede que sea la luna.
Quizá con tristeza o quizá con alegría,
quizá por Arjángelsk o quizá por Marsella
pasean los novatos marineros.
Las camareras abrazadas a ellos,
y bajo las cejas, como botes helados,
balanceándose se mueven los ojos.
¿Acaso la astucia dictará
y ellas deberán apartar sus labios?
Quizá sea necesario, o quizá no.
Las gaviotas chillonas revolotean sobre los mástiles—
quizá lloran o quizá se ríen.
Y en la orilla el marinero al despedirse
le da a la mujer un largo beso en los labios:
«¿Cómo te llamas?» — «Qué importa...»
Quizá así o quizás no.
Sube por la escalera al barco:
«¡Te traeré una piel de foca!»
Pero se olvidó que no sabe a dónde.
La mujer se queda en silencio.
Quién sabe, puede que vuelva,
puede que no pero puede que si.
Sin querer, en el muelle, me parece que
las gaviotas no son gaviotas ni las olas, olas.
Él y ella no son él y ella:
todo es el reflejo de las noches blancas,
es pleamar y bajamar,
quizá insomnio o quizá un sueño.
La sirena suena intensamente, como un adiós.
Él ya no mira con tristeza.
Allí está, aparte, lejano, navegando,
gustoso lanza bromas pesadas,
tal vez en el mar o quizá en el barco,
quizá sea él o puede que no.
Anónima, sobre el muelle—
quizá es el fin o quizás el principio —
la mujer del ligero abrigo gris
desaparece lentamente como una cortina de niebla. —
Quizá es Vera, Tamara
o Zoia, o quizá nadie...
26.6.11
ROBERT ROZHDÉSTVENSKIY (1932-1994)
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| Robert y Evtushenko |
EL SILENCIO
En la hierba — silencio,
silencio
en la hierba — silencio,
entre los juncos — silencio,
en el bosque — silencio.
Hay tanto silencio
que da vergüenza abrir los ojos
y pisar la tierra.
Tanto silencio
que da miedo.
Tanto silencio,
que duele la espalda.
Tanto silencio,
que pronunciar cualquier palabra —
es lo mismo que matar.
Chilla,
grita,
el mundo agitado
está enfermo de silencio,
tendido y envuelto
en su apretado velo.
Tanto silencio,
como si los pájaros
hubieran abandonado la tierra,
uno tras otro.
Como si las personas
hubieran dejado la tierra,
una tras otra.
Como si la tierra se hubiera convertido
en el silencioso
museo del silencio.
Tanto silencio,
que hay que recordar la música
como la cara de alguien,
tanto silencio,
que hasta los pensamientos más silenciosos
se escuchan
desde lejos.
Tanto silencio,
que deseo
empezar
la vida nuevamente.
Tanto silencio...
.
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