TRADUCCIÓN DE POESÍA RUSA

5.7.11

EVGUENI EVTUSHENKO






















LAS NOCHES BLANCAS EN ARJÁNGELSK
 
Las noches blancas, un continuo "puede ser"...
Algo brilla e inquieta extrañamente,
puede ser el sol o puede que sea la luna.
Quizá con tristeza o quizá con alegría,
quizá por Arjángelsk o quizá por Marsella
pasean los novatos marineros.
 
Las camareras abrazadas a ellos,
y bajo las cejas, como botes helados,
balanceándose se mueven los ojos. 
¿Acaso la astucia dictará
y ellas deberán apartar sus labios?
Quizá sea necesario, o quizá no.
 
Las gaviotas chillonas revolotean sobre los mástiles—
quizá lloran o quizá se ríen.
Y en la orilla el marinero al despedirse
le da a la mujer un largo beso en los labios:
«¿Cómo te llamas?» — «Qué importa...»
Quizá así o quizás no.
 
Sube por la escalera al barco:
«¡Te traeré una piel de foca!»
Pero se olvidó que no sabe a dónde.
La mujer se queda en silencio.
Quién sabe, puede que vuelva,
puede que no pero puede que si.
 
Sin querer, en el muelle, me parece que
las gaviotas no son gaviotas ni las olas, olas.
Él y ella no son él y ella:
todo es el reflejo de las noches blancas,
es pleamar y bajamar,
quizá insomnio o quizá un sueño.
 
La sirena suena intensamente, como un adiós.
Él ya no mira con tristeza.
Allí está, aparte, lejano, navegando,
gustoso lanza bromas pesadas,
tal vez en el mar o quizá en el barco,
quizá sea él o puede que no.
 
Anónima, sobre el muelle—
quizá es el fin o quizás el principio —
la mujer del ligero abrigo gris
desaparece lentamente como una cortina de niebla. —
Quizá es Vera, Tamara
o Zoia, o quizá nadie...

26.6.11

ROBERT ROZHDÉSTVENSKIY (1932-1994)


Robert y Evtushenko
























EL SILENCIO

En la hierba — silencio,
silencio
en la hierba — silencio,
entre los juncos — silencio,
en el bosque — silencio.
Hay tanto silencio
   que da vergüenza abrir los ojos
              y pisar la tierra.
Tanto silencio
   que da miedo.
Tanto silencio,
   que duele la espalda.
Tanto silencio,
   que pronunciar cualquier palabra —
            es lo mismo que matar.
Chilla,
       grita,
         el mundo agitado
               está enfermo de silencio,
tendido y envuelto
en su apretado velo.
Tanto silencio,
   como si los pájaros
           hubieran abandonado la tierra,
                uno tras otro.
Como si las personas
      hubieran dejado la tierra,
            una tras otra.
Como si la tierra se hubiera convertido
 en el silencioso
     museo del silencio.
Tanto silencio,
   que hay que recordar la música
como la cara de alguien,
                            tanto silencio,
   que hasta los pensamientos más silenciosos
               se escuchan
                  desde lejos.
Tanto silencio,
   que deseo
            empezar
               la vida nuevamente.
Tanto silencio...
.
.

23.6.11

Poema de Tsvetáieva a Mandelstam




................... 















a O. Mandelstam

El espejo se rompió en pedazos
de plata, y en el — la mirada.
Cisnes míos, cisnes,
¡hoy regresan a casa!

Desde el cielo nublado cayó una pluma
directamente en mi pecho.
Hoy derramé plata fina
en los sueños.

Grito de plata — la llamada.
¡Y plateado es mi cantar!
¡Pichón! ¡Mi protegido!
¿Te hace bien volar?

Iré sin avisar,
ni a mi madre, ni a los cercanos.
Iré a la iglesia,
rezaré a los santos
por el cisne joven.


1 de marzo 1916

.

20.6.11

AFANASI FET (1820-1892)


















LLEGÓ LA PRIMAVERA 

¡Cómo respira el pecho pleno y fresco -
nadie podría explicarlo con palabras!
¡Cómo al mediodía, los arroyos ruidosos,
saltan de los barrancos hacia la espuma!

Una canción tiembla y se derrite en el aire.
En la gleba verdece el centeno -
y una delicada voz repite:
"¡Aún sobrevivirás otra primavera!"
.
.

17.6.11

LUBOV IAKUSHEVA (1947-1984)






















Sólo necesito una pequeña libreta
para experimentar la posibilidad de vivir,
incluso para ser feliz.
Ángel, ¿tus alas son pesadas?,
un ángel es ángel
porque volaría sin alas.
Ah, ángel, ¿por eso
te dibujaron en la pared?
¿Para recordarme con tu vuelo,
que tu cuerpo no le pertenece al pecado
y que la bondad vive en los pensamientos?
Esperá, no hace falta...
pronto me acercaré
a la altura de tus preocupaciones.
La sabiduría armoniosa de la creación
será más clara.
Volá y escuchame: yo no reniego
y no envidio tus alas.
Camino tropezando,
al pisar la piedra amo a la piedra,
amo respirar, amo nadar en la luz,
amo atravesar la espesura cuando regreso,
amo llorar por la música o por la poesía,
amo nacer todos los días.
Amo amar.


4.6.11

J. BRODSKY


 
























Me dicen que hay que partir.
Sí, sí. Gracias. Me estoy preparando.
Sí, sí. Entiendo. No hace falta
que me acompañe. Sí, no me voy a perder.

Ah, qué es lo que dice – un largo viaje.
Cualquier próxima parada.
Ah, no, no se preocupe. De alguna manera.
Voy ligero. Sin equipaje.

Sí, sí. Es hora de salir. Gracias.
Sí, sí. Ya es hora. Y todos lo entienden.
Los árboles levantan sobre la patria
el triste amanecer del invierno.

Todo terminó. No discutiré.
Juntaré las manos - y adiós.
Ya no estoy enfermo. Hay que partir.
Sí, sí. Agradezco la despedida.

Taxi, llévame por toda la patria
como si no recordara la dirección.
Llévame hacía los campos silenciosos,
yo, sabes, dejo mi tierra.

Como si no recordara la dirección:
me pegaré a la ventanilla empañada,
y sobre el río, que amé,
lloraré y le gritaré al barquero.

(Todo terminó. Ahora no tengo prisa.
Regresa tranquilo, por Dios.
Voy a mirar el cielo y a respirar
el viento frío del otro lado.)

Y bien, este es el viaje tan esperado.
Regresa, no te sientas triste.
Cuando pises la entrada a la patria,
yo tocaré la abismal orilla.

.
.
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1.6.11

JOSEPH BRODSKY



















De ninguna parte con amor, undécimo de marzoctubre,
querida, respetada, amada, pero no importa quién,
sinceramente ni me acuerdo de tu cara, no tuyo,
y ya de nadie amigo fiel, te saluda desde los cinco continentes
sostenidos por los cowboys.
Te amé más que a los ángeles, más que a mi mismo,
y por eso ahora estoy más lejos de ti que de ellos.
Lejos, en la noche, en el valle, en el fondo,
en la ciudad cubierta de nieve hasta la manija de la puerta,
retorciéndome entre las sábanas, por suerte no más abajo,
golpeo la almohada mugiendo un "tú",
detrás de las montañas, sin bordes y sin fin,
con todo mi cuerpo en la oscuridad
repito tu silueta como un espejo loco.

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