TRADUCCIÓN DE POESÍA RUSA
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12.10.17

UNA CARTA DE VÍCTOR SHKLOVSKI












30/05/1971
Peredelkino.

Mi querido niño Nikitochka.
Hace mucho que no te escribía. Escribía sobre Maiakovsky y Tolstoi, sobre Olesha y sobre Dostoevsky. Las palabras y los pensamientos se reunían. Formaban su régimen y después se disolvían. Y lo que resultó de todo esto, quizás sea algo, o nada.
Dos muchachas vinieron a pintar las paredes, las dos se llaman Zina. Robustas y jóvenes discapacitadas. Untaban las paredes con vitriolo y luego aplicaban la pintura. Después resultó que ellas no eran pintoras sino aspirantes. La pintura terminó huyendo, tranquilamente, de las paredes. Me fui a Peredelkino. Me encontré con Treneva, con Bondi, con Bondarin, y Asmus. Y con centenares de escritores que no escriben. Me enteré que Fedin tiene cáncer. Las personas malas sufren también, y todos morimos habiendo conocido la vanidad de los actos malos, la traición y la paciencia hacia nosotros mismos.
No soy infeliz y no soy feliz. Sé ocuparme con trabajo. « ¡La escalera! ¡La escalera!», gritaba, muriendo, Gógol. ¿A dónde quería trepar, este brillante, profundo, profético y desgraciado ser? ¿Existen las escaleras? ¿Son necesarias? ¿Hay agujeros que conducen a la verdad? ¿Fueron hechos por el taladro de la fisiología o por los errores de la inspiración? Probemos vivir sin olvidarnos de las personas, de la conciencia, y no solo para nosotros mismos. Trataré de olvidarme de mí sin olvidarme de mi trabajo. Olvidarme de la vejez que viene. Los cerezos pierden la flor. Las flores son rosadas y azules.
Te quiero mucho, mi muchacho. Tu bisabuelo decía esto cuando enseñaba matemática: «Lo más importante es no forzar. La vida es simple como la hierba, como el pan, como la mirada. Como la respiración». La ligereza de mis pensamientos y mi don, me llenaron de inspiración, pero no hice ni la décima parte de lo que debía hacer. No me esforzaba, no engañaba, miraba con mis ojos. Creía en la simplicidad de la vida e hice, lo pude comprobar y lo comprobarán los demás, más que muchos, pero eso no basta.
Cuidate mi muchacho. Mi buen Nikita, que la vida no te asuste. No pienses que el mundo se equivoca. Cuidate del mal. Hay que mirar la salida del sol y comer pan, querer el agua, y querer a los que querés. No me encontré con Dios, cuando era niño creía en él. Pero puede que Dios no se olvidó de mí. Me salvó de la cólera, de la indiferencia. Que no te asuste la vida, Nikitochka. No aspires a cualquier santidad. Viví como el corazón, como viven la hierba y las flores no ficticias. Dale un beso de mí parte a la muchacha que amarás. Cuidala a ella y a vos también, para la vida. Para la alegría. El cambio del día y de la noche, y de respiración, ya es alegría. Te escribe este anciano que no cree en la vejez. La vida todavía está delante. A la vuelta de la esquina. Continúa. Dale un beso a la abuela, a mamá, a Kolia.
Siempre te escribo sobre los árboles. Y además me gustan los perros, tanto como a vos. Ahora se esconden del sol bajo los bancos y se olfatean las narices. Sé feliz, querido. No estoy bien, pero la habilidad que me dejan los años, consuela.
Tu abuelo Víctor Shklovski.

28.11.14

UNA CARTA DE VÍKTOR SHKLOVSKI a VÍKTOR KONETSKI *














¡Querido capitán!
Hasta el agua se cansa de correr. Las ballenas se cansan de dar aceite y dejan de parir. 
Se cansan los barcos de acero. Ellos antes que todos.
Los capitanes, que chancletean alrededor del globo terrestre, como los cepillos de ropa, 
se cansan.
El hígado se cansa del alcohol.
Ya es hora, el corazón pide tranquilidad.
Acá murió un escritor ucraniano. Había venido con su mujer. Ella lo esperaba para la cena. Él había pedido a su hija que viniera de Kiev. Murió antes de la comida. Sin haber alcanzado la fama. Acá vive otro escritor famoso. Se emborracha. Cae por las no suaves escaleras de piedra. Se emborracha de nuevo. Ahora se lo llevaron al hospital. El hígado.
Y usted Vika-vikachka, tiene talento. Tiene libros. Tiene un océano. Sabe gustar. ¿A qué diablo rayado está llamando? La muerte tiene una garganta estrecha. No se marea, no siente arcadas.
Propóngase una ardua meta. Escribir un buen libro. Que todas las sirenas vendan sus colas y se acuesten en su cama. O que se vayan a leer un libro sobre su patria.
El muchacho (43 años), no tiene prisa de seguir la luz. Las personas que sobrevivieron al infarto, dicen que allá no existen los anticipos ni las cervecerías, tampoco un Dios, a quien ya es hora de hacerle una rigurosa amonestación.
Tengo buenos sueños. En los sueños hago planes. Discuto. Describo. Recorto las frases y 
la vida.
Sobre Serafina de seis alas usted no entiende nada. Ella no es la esperanza. Simplemente tiene reservas de potencia para volar, y por eso la quiero mucho.
Quiera a las personas, muchacho. Ellas saben volar. Son desinteresadas, aunque diligentes.
Así que...
Coma algo pero no beba.


Víktor Shklovski
9 de abril, 1974


*Víktor Konetski (1929 - 2002) fue un reconocido escritor ruso, guionista, pintor y capitán de barco.


8.11.14

Una carta de Víktor Shklovski a su nieto

















¡Querido muchacho! ¡Te beso!

El papel se termina, aunque no escribí nada. El diez estaré en Moscú. Acá es casi verano, pero las tardes son frescas. El roble ya se ve frondoso. Los manzanos y el peral sueltan sus flores, florece la lila. Los castaños florecen. Sobre una de las calles, brotaron las flores del castaño rosado. No hubo lluvias. Hay mucho viento. Hay poca agua en la ciudad. La ahorran a pesar de que las montañas fueron perforadas para los canales de agua. Dicen que el agua se fue por los agujeros de las montañas. Acá hay calizas cársticas. Las montañas de Crimea son muy antiguas.

Paseé por un cementerio viejo. Quedan solo cinco o seis tumbas. Una de ellas es la de Naydenov. Él escribió un muy buen drama: “los Niños de Vaniushin”, y de sensato, nada más que eso. Su tumba no parece abandonada. Se encuentra en lo alto  y el mar ahí, directamente abajo, como si no hubiera nada en el medio. Nosotros no estamos rodeados de mucho verde, pero cantan los pájaros. La naturaleza y su continuo diálogo apenas tartamudo. Pude descansar.

Entre las nuevas casas lejanas se yergue la aldea. Es necesario aprender a leerse a uno mismo como se leen las palabras en un libro. Y sin nosotros vivirá el mundo.

Qué poco sé, qué poco conoceré, hice tan poco, ni siquiera vi el Yeniséi. La vida pasó fugaz y no la noté, igual de rápido transcurrió la Pascua de este año 1971.

Te beso. Mirá con los dos ojos. Pero con ojos tranquilos. No dejes que la vida pase de largo. Conseguí acariciarla.

Tu abuelo y amigo, Víctor Shklovski.

El mar se arruga — las arrugas se pliegas y se despliegan. Los cuervos (dos) están sobre el ciprés y miran en diferentes direcciones.

Muy hermoso: el viento mueve el gran castaño que florece.


Beso a todos.


18.8.14

CARTA 2 de Víktor Shklovski a su nieto



























16.08.1970, Repino.

Querido Nikitochka.

Estoy en Repino. No hago nada, pero me mojo bajo la lluvia. El mar de siempre es aburrido y ventoso. Ayer pasó una tormenta (pequeña). Dejó una larga barcaza de hierro en la orilla. Cuatro buques de vapor tiraban de ella atada a los cables, tardaron el día entero en sacarla. Tengo pocos conocidos aquí. El bosque es húmedo pero hermoso. Las primeras dos semanas en el puro cielo azul nadaban las nubes blancas de nariz aguda.

El veinte iremos a Moscú. El libro ya debe estar allí. No sé cómo salió la edición. Me escribían poco. Me invitan a RDA. Allí publican libros. A algún lado iré.

Por las mañanas hago gimnasia. La mano duele solamente por la noche. No duele, mejor dicho, se siente.

Es necesario que vaya y termine de escribir un libro difícil sobre Serguéi Eisenstein.
Escribime a la dirección de Leningrado.

Todo lo que hubo, ya pasó, y aquí fue cubierto no por el pasto* sino por los bosques. Te quiero mucho. Lavá las manos con jabón y escuchá música. Leé sin temor a dispersarte. Los nuevos pensamientos no crecen de los libros, sino del espacio entre los libros.

Dale un beso a todos. Y por separado, a la abuela.

Tu abuelo Víktor Shklovski.


____________


NdT: acá Shklovski juega con la palabra que se refiere al pasto, y a la vez a aquello que fue olvidado para siempre.


16.8.14

Fragmento de una carta de Víktor Shklovski a su nieto




























¡Querido niño!

Hace calor y ventea.

Escribo un libro y pierdo los fragmentos terminados. Me parece que repito o que algo se me escapa. Hace más de cincuenta años que hago esto y pareciera que no lo sé hacer. Aquí (abajo) vive Paustovski. Su hijo Alexis no le escribe cartas a su padre.

Vino Kaverin, alto, entrado en años, cansado y diligente.

Yo estuve enfermo y mis pulmones crujían y silbaban. Ahora parece que todo está bien. Ya estoy cansado de Yalta y quiero volver a Moscú.

Es importante que termine de escribir el libro.

Decile a tu querida madre que el trabajo humano supera la fuerza humana. El problema no son las horas de trabajo sino encontrar en el trabajo su grano simple. Tu bisabuelo decía que a la hora de estudiar es importante no esforzarse.



 30 de septiembre de 1966