TRADUCCIÓN DE POESÍA RUSA
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4.7.14

Robert Rozhdéstvensky (1932 - 1994)



En una pequeña tierra 
vivía un hombrecito.
Tenía un trabajo pequeño.
Un maletín muy pequeño.
Y recibía un salario pequeño...
Un día
 — una hermosa mañana—
tocaron su puerta.
Parece
que se trataba
de una pequeña guerra...
Le dieron una pequeña ametralladora.
Le entregaron unas pequeñas botas.
un pequeño casco,
y, acorde a su tamaño,
un pequeño
capote.

Cuando cayó,
              mal, de una manera fea,
con la boca torcida por el grito de ataque,
             el mármol de toda la tierra
no fue suficiente
para hacer una figura a su medida.

1969






16.1.12

ROBERT ROZHDESTVENSKIY

















MARC CHAGALL

Es viejo y parecido a su soledad.
No desea hablar sobre el clima.
Enseguida pregunta:
«¿— Usted no es de Vitebsk?» —
Viste una chaqueta anticuada con las solapas gastadas...
«— No, no soy de Vitebsk...» —
Una larga pausa
y después, monótono y aburrido,
         suelta unas palabras:
«— Trabajo y ando enfermo...
En Venecia, una exposición...
¿Así que usted no es de Vitebsk?»
«— No, no soy de Vitebsk...»

Mira hacia otro lado.
No escucha.
Aspira una lejanía extranjera
tratando de tocar la infancia con cuidado...
Y no hay Cannes,
        ni Costa Azul,
ni glorias presentes...
Con precisión y perplejidad
se estira hacia Vitebsk, como una planta...
ese Vitebsk suyo —
             polvoriento y caluroso —
clavado a la tierra como una torre de vigilancia.
Allí las bodas y las muertes, las misas y las ferias.
Allí maduran las manzanas más grandes
y un conductor dormido da vueltas por la plaza...

«¿— Así que usted no es de Vitebsk?»
Se queda en silencio
y luego pronuncia,
         como si nada,
los nombres de las calles:
Smolenskaia,
Zamkovaia.
Alaba el río Vitsba como si fuera el Volga
y agita como un niño
su mano transparente...
«— Así que usted no es de Vitebsk...»
Tenemos que despedirnos.
Volver pronto a casa...
Los árboles firmes al lado del camino.
Oscurece...

Qué lástima, no soy de Vitebsk.




26.6.11

ROBERT ROZHDÉSTVENSKIY (1932-1994)


Robert y Evtushenko
























EL SILENCIO

En la hierba — silencio,
silencio
en la hierba — silencio,
entre los juncos — silencio,
en el bosque — silencio.
Hay tanto silencio
   que da vergüenza abrir los ojos
              y pisar la tierra.
Tanto silencio
   que da miedo.
Tanto silencio,
   que duele la espalda.
Tanto silencio,
   que pronunciar cualquier palabra —
            es lo mismo que matar.
Chilla,
       grita,
         el mundo agitado
               está enfermo de silencio,
tendido y envuelto
en su apretado velo.
Tanto silencio,
   como si los pájaros
           hubieran abandonado la tierra,
                uno tras otro.
Como si las personas
      hubieran dejado la tierra,
            una tras otra.
Como si la tierra se hubiera convertido
 en el silencioso
     museo del silencio.
Tanto silencio,
   que hay que recordar la música
como la cara de alguien,
                            tanto silencio,
   que hasta los pensamientos más silenciosos
               se escuchan
                  desde lejos.
Tanto silencio,
   que deseo
            empezar
               la vida nuevamente.
Tanto silencio...
.
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