TRADUCCIÓN DE POESÍA RUSA
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13.3.17

Bella Ajmadúlina






















LA NOVIA

Quiero ser una novia
hermosa, peinada,
bajo un velo tímido
y blanco.

Para que tiemblen las manos
llenas de alhajas frías
y las copas se alcen
por la salud de los jóvenes.

Para que me halaguen
y profeticen hijos,
y los amigos con los regalos
esperen avergonzados en la puerta.

Blusas envueltas en celofán,
platos, encaje...
Para que me besen en la mejilla
mientras no soy esposa.

Con el vestido blanco
salpicado con vino,
sintiéndome pobre y feliz
sentada en la mesa.

Lo que vendrá
da miedo y seduce,
llora mi mamita,
basta mamá.

Mi ropa majestuosa
tirada en la cama.
Es bueno que tenga miedo
de besarte.

Escucho el ruido de sillas
al lado, detrás de la pared...
Y me pregunto
qué nos espera.

11.3.17

BELLA AJMADÚLINA





















En la foto: Ajmadúlina y Nadezhda Mandelstam


QUINCE MUCHACHOS

Quince muchachos, quizás más,
tal vez menos,
con la voz temerosa
me dijeron:
"Vamos al cine o al Museo de Bellas Artes".
Les respondí:
"No tengo tiempo".
Quince muchachos me dieron flores de invierno.
Quince muchachos con la voz fracturada
me dijeron:
"Nunca dejaré de amarte".
Y yo contesté:
"Ya veremos".

Ahora los quince viven en paz.
Las obligaciones cesaron:
flores, desesperación y cartas.
Las mujeres los aman,
algunas son más hermosas que yo
y otras no tanto.
Quince muchachos con exagerada libertad
y a veces con malicia,
me saludan en los encuentros,
saludan en mí su autonomía,
el sueño tranquilo y la alimentación sana...
Venís en vano, último muchacho,
pondré tus flores de invierno en el vaso
y sus grandes tallos se cubrirán
de burbujas plateadas...
Algún día dejarás de amarme,
y, venciéndote a vos mismo, hablarás conmigo
con desdén, como si me hubieras vencido,
y yo me iré por la calle, por la calle...

18.4.16

Bella Ajmadúlina, 1937 - 2010












Él a Ella
(noviembre de 1823, Odesa)

No quiero ofenderla con mi carta.
Soy tonto (tachado)... Soy tan torpe
(tachado)... El coqueteo a usted le queda bien.
No soy joven (tachado)... Soy joven,
pero su partida es un final triste para este destino.
Mi corazón se ensancha (tachado)...
La seducción a usted le queda bien (tachado)...
A usted no le queda bien el coqueteo.
Cada vez que la veo me convierto en un ser
ridículo, aplastado, tonto, pero créame
que yo (tachado)... Que yo a usted,
que, oh, yo a usted (tachado para siempre)...

13.12.10

BELLA AJMADÚLINA





















10 de abril de 1937 - 29 de noviembre de 2010


EL QUE GUARDA SILENCIO


...En este mundo, donde es otoño, donde las caras de los niños son rosadas,
donde las palabras de la agitada alma solitaria son pesadas,
existe alguien...
Él observa, para que las hojas silenciosas vuelen,
y administra en el universo el gran rito del silencio.
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6.8.10

BELLA AJMADÚLINA



























INVIERNO


Este gesto del invierno hacía mí,
frío y aplicado.
Sí, hay algo en el invierno
de la medicina tierna.
De otro modo, cómo de repente,
de la oscuridad y el tormento,
la enfermedad confiada
le dirige sus manos.
Oh amable, seguí con tu brujería,
de nuevo rozará mi frente
el beso santo del anillo helado.
Y es cada vez más fuerte la tentación
de encontrar el engaño con la confianza,
mirarle los ojos a los perros,
abrazar los árboles,
perdonar como jugando,
y habiendo perdonado
perdonar todavía a alguien,
confundirse con el día invernal,
con su óvalo vacío,
ser siempre para el
su matiz pequeño.
Reducirse a no existir,
para implorar detrás de las paredes
no una sombra mía sino la luz,
por mí tapada.




1961
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3.8.10

BELLA AJMADÚLINA




















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En qué me diferencio
de la mujer con la flor
o de la muchacha que ríe
y juega con el anillo.
¿Y el anillito no llega hasta sus manos?
Me distingo de la habitación con el empapelado,
donde estoy sentada sobre el final del día
y la mujer con los puños de cibelina
aparta de mí su mirada arrogante.
Como compadezco su mirada altiva,
y temo, temo espantarla,
cuando ella se inclina
sobre el cenicero de cobre
para sacudir la ceniza.
¡Oh, Diós mío!
Cómo le compadezco,
su hombro, su hombro deprimido,
y su cuello blanquito y fino,
que siente calor bajo las pieles.
Y temo que de repente comience a llorar,
que sus labios griten terriblemente,
que esconda las manos en las mangas
y que las perlas golpeen el suelo...
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1950